Ingram Micro, uno de los mayores distribuidores globales de tecnología y servicios de cadena de suministro, ha confirmado que un ataque de ransomware ocurrido en julio del año pasado expuso información personal de al menos 42.521 personas.
El ataque se detectó alrededor del 3 de julio, cuando la firma identificó actividad no autorizada en algunos de sus sistemas internos. Los atacantes accedieron a archivos entre el 2 y el 3 de julio, momento en que la empresa tomó medidas inmediatas para contener la intrusión, incluyendo la desconexión de sistemas críticos y la colaboración con expertos en ciberseguridad e investigadores externos.
El acceso no autorizado no solo comprometió información personal, sino que también provocó interrupciones significativas en los sistemas de la empresa, afectando temporalmente el acceso de clientes y socios a servicios esenciales.
Los sistemas afectados fueron restaurados aproximadamente una semana después, el 9 de julio, permitiendo la reanudación completa de operaciones en todos los mercados donde opera la compañía.
Entre los datos vulnerados se encuentran nombres, fechas de nacimiento, números de seguridad social, números de pasaporte, licencias de conducir y otros documentos de identificación gubernamental, así como información relacionada con empleo, evaluaciones y aplicaciones de candidatos.
Los afectados incluyen tanto trabajadores como ex trabajadores y solicitantes de empleo cuyos registros estaban en los sistemas comprometidos.
No tan ‘safe‘ como dice llamarse
Aunque Ingram Micro no ha confirmado oficialmente el grupo responsable del ataque, un actor de amenazas que se hace llamar SafePay habría listado a la empresa en su sitio de filtraciones afirmando haber obtenido y publicado 3,5 TB de datos supuestamente robados. Los detalles sobre el posible rescate solicitado por la banda no se han hecho públicos, pero sí se adivina una negociación fallida.
SafePay es un grupo de ransomware emergente, activo desde finales de 2024, que opera de manera centralizada y se especializa en la doble extorsión, robando datos antes de cifrar sistemas y amenazando con filtrarlos. Usa phishing dirigido, accesos vulnerables y técnicas de ingeniería social para infiltrarse en redes corporativas.
Su presencia se ha confirmado en múltiples sectores, incluyendo tecnología, salud, educación y manufactura, y ha reivindicado decenas de ataques a nivel internacional. Técnicamente, algunas de sus herramientas muestran similitudes con familias de ransomware conocidas, como LockBit, lo que sugiere evolución o reuso de código.
