Durante años, la seguridad física y la ciberseguridad se han gestionado como dos ámbitos prácticamente independientes. Un equipo se ocupaba de proteger redes, servidores y datos, mientras otro controlaba cámaras, accesos o sistemas de vigilancia. Sin embargo, la creciente conectividad de estos dispositivos ha cambiado por completo este escenario. Hoy, una cámara IP, un lector de credenciales o un sistema de reconocimiento de matrículas también forman parte de la infraestructura tecnológica de una organización y, por tanto, pueden convertirse en una puerta de entrada para una amenaza digital.
Esta convergencia está obligando a las empresas e instituciones a replantear su estrategia, porque ya no asta con proteger los ordenadores y servidores, también hay que prestar atención a todos aquellos dispositivos conectados que intervienen en la protección de instalaciones, empleados y activos.
Cuando una cámara también forma parte de la red
Los sistemas modernos de videovigilancia y control de acceso han evolucionado notablemente. Muchos funcionan mediante redes IP, intercambian información con
servidores, almacenan datos y pueden administrarse a distancia. Esta conectividad aporta ventajas operativas, pero también amplía la superficie que debe protegerse.
Una mala configuración, credenciales débiles o un dispositivo sin actualizar pueden convertirse en puntos vulnerables dentro de la infraestructura. Por este motivo, los
responsables de seguridad física trabajan cada vez más cerca de los departamentos de TI.
El Estado de la Seguridad Electrónica 2026 de Genetec, elaborado a partir de las respuestas de más de 7.300 profesionales, señala precisamente que la ciberseguridad sigue figurando entre las principales prioridades del sector y que existe una colaboración cada vez mayor entre los equipos de seguridad electrónica y tecnología.
Integrar sistemas para tener una visión más completa
Otro de los cambios importantes está relacionado con la forma de gestionar la información. Una organización puede disponer de cámaras, lectores de matrículas, controles de acceso, sensores y diferentes aplicaciones de seguridad. Si da herramienta funciona de manera aislada, supervisar todo el entorno resulta más complejo.
Por eso están ganando peso las plataformas capaces de reunir distintas funciones bajo una misma infraestructura. Actualmente existen soluciones de seguridad electrónica que combinan áreas como la gestión de vídeo, el control de acceso, el reconocimiento de matrículas o las comunicaciones, facilitando que los operadores trabajen desde un entorno más unificado. Genetec, por ejemplo, estructura su oferta precisamente alrededor de estas capacidades y de modelos de seguridad unificada.
La integración no elimina por sí sola los riesgos, pero permite reducir la fragmentación tecnológica y aplicar políticas de seguridad más coherentes en diferentes ubicaciones y dispositivos.
La nube híbrida gana protagonismo
La evolución hacia la nube tampoco implica necesariamente trasladarlo todo fuera de las instalaciones. Las organizaciones están mostrando un creciente interés por los modelos híbridos, en los que determinadas cargas permanecen localmente mientras otras se gestionan desde servicios cloud.
Según las tendencias identificadas por Genetec para 2026, las empresas buscan precisamente flexibilidad para decidir qué sistemas mantener on-premise, cuáles trasladar a la nube y cómo combinar ambos modelos. Además, el 72 % de los consultores encuestados por la compañía señalaba que tenía previsto recomendar implementaciones híbridas a sus clientes.
Esta flexibilidad puede resultar especialmente útil para organizaciones con instalaciones distribuidas, requisitos regulatorios específicos o infraestructuras heredadas que no pueden sustituirse de inmediato.
La inteligencia artificial añade una nueva capa
La IA también está entrando con fuerza en este ámbito. Sus aplicaciones abarcan desde la clasificación de alertas hasta el análisis de vídeo y la automatización de determinadas tareas operativas. En el informe de Genetec, el 45 % de los usuarios finales situaba la inteligencia artificial entre sus prioridades para 2026, frente al 21 % del año anterior.
Pero incorporar nuevas capacidades también exige analizar cómo se recopilan, procesan y protegen los datos. La tendencia, por tanto, apunta hacia una seguridad cada vez más transversal.
La separación tradicional entre el mundo físico y el digital pierde sentido cuando prácticamente todos los sistemas están conectados. Para las organizaciones, el reto ya no consiste únicamente en impedir accesos no autorizados a un edificio o proteger una red informática, sino en diseñar una estrategia conjunta capaz de proteger ambos entornos
como una única infraestructura.
