Entre los actores más activos en este terreno, China ocupa un lugar destacado. Las autoridades occidentales y expertos en seguridad informática señalan al país asiático como origen de campañas que han puesto en jaque a gobiernos, empresas e infraestructuras críticas a escala mundial.
La campaña contra la Oficina de Gestión de Personal de EE. UU.
En 2015, Washington reconoció que la Oficina de Gestión de Personal había sufrido una de las peores filtraciones de su historia. Hackers vinculados a China lograron robar datos de más de 22 millones de empleados y exfuncionarios federales.
La información comprometida incluía historiales de seguridad, huellas digitales y detalles personales que podrían ser usados para chantaje o espionaje.
El impacto de este ataque fue enorme porque permitió a los ciberdelincuentes desatados desde China obtener un mapa detallado de las personas con acceso a secretos de Estado.
Expertos en seguridad aseguraron que la información robada representaba una amenaza directa a la seguridad nacional, ya que brindaba al país atacante la posibilidad de identificar y rastrear a agentes de inteligencia.
La operación Cloud Hopper
Otra de las campañas más sofisticadas se conoció como Cloud Hopper. Empresas de servicios tecnológicos en más de una docena de países fueron infiltradas para acceder a los datos de sus clientes. El objetivo no era solo robar información corporativa, sino también vulnerar a terceros a través de proveedores de confianza.
El coste económico de Cloud Hopper fue incalculable. Multinacionales de sectores como telecomunicaciones, energía y finanzas se vieron obligadas a reforzar sus defensas, mientras que los gobiernos afectados denunciaron el carácter sistemático del ataque.
Investigadores independientes concluyeron que la magnitud de esta operación mostraba la capacidad de los ciberdelincuentes desatados desde China para ejecutar planes a largo plazo, con recursos casi ilimitados.
El hackeo a Equifax
En 2017, la compañía de crédito Equifax anunció que había sido víctima de un ciberataque que comprometió la información personal de 147 millones de personas. Datos como números de la seguridad social, direcciones y registros financieros quedaron expuestos.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó formalmente a cuatro miembros del ejército chino de estar detrás del incidente. Según la acusación, el objetivo era doble: por un lado, obtener información personal masiva y, por otro, facilitar el acceso a datos financieros sensibles.
Este episodio reforzó la percepción de que las campañas de ciberdelincuencia desatadas desde China están dirigidas tanto a obtener ventaja económica como a acumular inteligencia estratégica.
La ofensiva contra la industria aeroespacial
La industria aeroespacial estadounidense y europea también ha sido blanco de ataques. Empresas dedicadas al diseño de motores de aviación denunciaron intrusiones que coincidieron con el desarrollo de proyectos estratégicos en China.
Investigadores de ciberseguridad señalaron que los atacantes lograron hacerse con planos y documentación técnica relacionada con turbinas y sistemas de propulsión.
El valor de esa información es incalculable para la competencia tecnológica. Analistas afirman que gracias a estas acciones, los ciberdelincuentes desatados desde China han reducido la brecha en investigación y desarrollo en sectores donde antes llevaban décadas de retraso.
La transferencia forzada de conocimiento a través del espionaje digital ha acelerado su capacidad de innovación militar y civil.
El ataque a Microsoft Exchange
En 2021, Microsoft reveló que su servicio de correo Exchange había sido vulnerado por un grupo de hackers respaldados por China. Más de 30.000 organizaciones en Estados Unidos y decenas de miles en otros países resultaron afectadas.
El ataque aprovechó vulnerabilidades del sistema para acceder a correos electrónicos y documentos internos de empresas, administraciones locales y organizaciones sin ánimo de lucro.
Este episodio fue calificado por la Casa Blanca como una de las agresiones cibernéticas más agresivas jamás registradas. La sofisticación de la operación y el volumen de víctimas mostraron hasta qué punto las campañas de ciberdelincuencia desatadas desde China se han convertido en un desafío global. Además, puso de relieve la necesidad de colaboración internacional para mitigar sus efectos.
El ataque a Anthem
En 2015, la aseguradora médica Anthem sufrió una intrusión que expuso la información personal de casi 80 millones de personas. Los atacantes accedieron a nombres, direcciones, números de seguridad social y datos de empleo, lo que lo convirtió en uno de los mayores robos de información en el sector sanitario.
El gobierno de Estados Unidos acusó a dos ciudadanos chinos vinculados con actividades de espionaje estatal. La campaña evidenció cómo la ciberdelincuencia desatada desde China no se limita a objetivos militares o tecnológicos, sino que también apunta a sectores con gran valor estratégico por el volumen de datos sensibles que almacenan.
La infiltración en Marriott International
En 2018, Marriott International reveló que su sistema de reservas había sido vulnerado durante años, exponiendo los datos de unos 500 millones de clientes. Entre la información filtrada se encontraban pasaportes, detalles de tarjetas de crédito y direcciones de contacto.
La magnitud del ataque fue impresionante, no solo por la cantidad de víctimas, sino también por el perfil de los afectados, que incluían a diplomáticos, ejecutivos y funcionarios de alto nivel.
Investigadores estadounidenses señalaron que los ciberdelincuentes desatados desde China podrían haber usado esta base de datos para seguir los movimientos de viajeros frecuentes y establecer vínculos de interés para el espionaje.
El robo a la Organización Mundial de la Salud
En plena pandemia de COVID-19, la Organización Mundial de la Salud y varios laboratorios farmacéuticos que trabajaban en el desarrollo de vacunas fueron blanco de ataques digitales. Informes de inteligencia atribuyeron los incidentes a grupos vinculados con el Estado chino, que intentaban acceder a investigaciones médicas y a información confidencial sobre ensayos clínicos.
El episodio mostró cómo la ciberdelincuencia desatada desde China se adapta a los contextos globales. El objetivo, en este caso, era asegurarse una ventaja en la carrera científica y tecnológica que representaba el desarrollo de vacunas.
Los expertos coinciden en que, más allá del beneficio económico, el ataque buscaba obtener influencia en un momento de crisis sanitaria mundial.
Un desafío constante para la seguridad internacional
El repaso de estas operaciones demuestra que los ataques no son aislados, sino parte de una estrategia prolongada. El objetivo parece claro: obtener información privilegiada, debilitar a competidores y reforzar la influencia global del país asiático.
Los gobiernos occidentales han respondido con sanciones, advertencias diplomáticas y nuevas alianzas en materia de ciberseguridad. Sin embargo, el avance tecnológico y la persistencia de estos grupos hacen que el reto sea cada vez más complejo. China es imparable.
