Cloudflare continúa investigando el fallo que en el día de hoy se ha producido en su red global, responsable de la caída de varios de sus clientes, entre los que figuran la red social X, ChatGPT y el videojuego League of Legends y que ha provocado que millones de personas en todo el mundo hayan experimentado problemas para acceder a otras muchas páginas webs o a plataformas.
Ante esta situación, Eusebio Nieva, director técnico de Check Point para España y Portugal, y reconocido experto en ciberseguridad ha afirmado que, “la caída de Cloudflare de hoy sigue el mismo patrón que ya vimos con las recientes interrupciones de servicio de AWS y Azure. Estas plataformas son vastas, eficientes y las utiliza casi cualquier faceta de la vida moderna. La parte positiva es evidente: su escala mantiene los costes bajos, hace que las herramientas de seguridad sean más accesibles y proporciona incluso a las organizaciones más pequeñas un nivel de rendimiento que antes habría sido imposible. La parte negativa es igual de clara: cuando una plataforma de este tamaño falla, el impacto se extiende de forma amplia y rápida, y todo el mundo lo siente a la vez».
Esta interrupción no solo impide que las web carguen correctamente, sino que también ha bloquedado el acceso a los propios paneles de control de portales de noticias, sistemas de pago, páginas de información pública y servicios comunitarios que han quedado paralizados. «Esto no se debe a que cada organización haya fallado por sí misma, sino a que una única capa de la que todas dependen dejó de responder. La gente solo vio una simple página de error, pero el fallo penetró en los sistemas que sostienen servicios esenciales», afirma.
Desde el punto de vista de la ciberseguridad -continúa Nieva-, «esto es lo importante. Cualquier plataforma que canalice tanto tráfico mundial se convierte en un objetivo. Incluso un fallo accidental genera ruido e incertidumbre que los ciberdelincuentes saben cómo aprovechar. Si un incidente de esta escala se desencadenase deliberadamente, la interrupción se propagaría por países que dependen de estas plataformas para comunicarse con el público y prestar servicios básicos».
El experto añade en este sentido que, «muchas organizaciones todavía ejecutan todas sus operaciones a través de una única ruta, sin una copia de seguridad significativa. Cuando esa ruta falla, no hay plan B. Esa es la debilidad que seguimos viendo repetirse. Internet fue concebida para ser resiliente a través de la distribución, y sin embargo hemos terminado concentrando enormes cantidades de tráfico global en un puñado de proveedores de la nube».
Y señala cómo el coste de esta decisión es demasiado elevado, y que «mientras no exista una diversidad y redundancia reales en el sistema, cada interrupción golpeará a las personas más duramente de lo que debería”.
Entre los servicios afectadostambién están empresas como Movistar y Canva, han exhibido mensajes que señalan: “Por favor, desbloquee challenges.clouflare.com para continuar”.
Chema Alonso, del ‘wanacry’ de Telefónica a la caída de Cloudflare
Cabe recordar que el hacker Chema Alonso es actualmente vicepresidente y responsable de desarrollo internacional de la compañía, acusada de proteger webs piratas de emisión de partidos de fútbol e incluso ha sido investigada, según avanzó Escudo Digital, por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por proteger y ocultar otro tipo de contenidos también de carácter ilícito.
En 2017, Alonso se convirtió en una de las figuras más señaladas tras el ciberataque WannaCry que afectó a Telefónica pese a no ser el responsable directo de la seguridad interna de la compañía. Su perfil público como experto en ciberseguridad y su reciente nombramiento como Chief Data Officer lo situaron en el centro del foco mediático en un momento de máxima tensión tecnológica. Para gran parte de la opinión pública, Alonso era “la cara hacker” de Telefónica, lo que facilitó que se le atribuyeran responsabilidades que no formaban parte de sus funciones reales.
El impacto del ataque, que afectó a empresas e instituciones de todo el mundo, generó una reacción inmediata en redes y medios. En ese contexto, se buscó rápidamente un rostro visible al que asociar el incidente, y el de Alonso era el más reconocible. A la confusión sobre sus competencias —centradas en datos e innovación, no en la gestión directa de la ciberseguridad corporativa— se sumó su notoriedad mediática, que lo convirtió en blanco fácil de críticas y reproches.
En realidad, el ciberataque se debió a una vulnerabilidad global que afectó a miles de organizaciones -tal y como ha sucedido en esta ocasión-, y no a una decisión individual o a un fallo atribuible al entonces CDO. Sin embargo, su presencia pública, su asociación con el ámbito de la seguridad informática y su reacción en redes sociales, exculpándose de la situación, explican por qué fue uno de los nombres que más se mencionaron en aquellos días.
