La paralización del mayor contrato de ciberseguridad del Estado afecta a una licitación valorada en más de 100 millones de euros destinada a reforzar la protección de ministerios, organismos públicos y centros de datos frente a las crecientes amenazas informáticas.
La decisión llega, además, después de meses de recursos, cambios de adjudicatario y resoluciones administrativas que habían convertido el concurso en uno de los más complejos del sector tecnológico público.
Una suspensión motivada por la falta de cobertura presupuestaria
La Mesa de Contratación del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública ha acordado detener el procedimiento tras detectar que varios organismos cofinanciadores habían anulado los documentos contables que garantizaban la financiación del expediente.
Entre ellos se encuentran el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso), el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) y la Dirección General de Racionalización y Centralización de la Contratación (DGRCC).
La medida implica que no podrá realizarse ninguna actuación adicional hasta que los créditos presupuestarios vuelvan a estar disponibles y autorizados formalmente.
Aunque la documentación oficial no señala directamente la causa última de esta situación, diversas fuentes apuntan a la ausencia de nuevos Presupuestos Generales del Estado como uno de los factores que explican el bloqueo financiero.
Mientras no se restablezca la financiación necesaria, el procedimiento permanecerá congelado, retrasando la puesta en marcha definitiva de una infraestructura considerada estratégica para la defensa digital del Estado.
Un contrato clave para más de 85 organismos públicos
El origen de este proceso se remonta a 2025, cuando el Ministerio para la Transformación Digital lanzó la tercera edición del contrato CORA, un macroproyecto valorado en 340 millones de euros destinado a centralizar servicios de telecomunicaciones y comunicaciones para más de 85 organismos de la Administración durante un periodo de 3,7 años.
El contrato incluye servicios esenciales como telefonía fija y móvil, acceso a internet, interconexión de centros de datos, comunicaciones internacionales y sistemas de protección frente a ciberataques.
El lote afectado por la suspensión es el número 3, dedicado específicamente a la ciberseguridad y a la interconexión de centros de datos, una pieza fundamental para garantizar la continuidad operativa de numerosos servicios públicos.
La pugna entre Telefónica y MasOrange
La historia del contrato ha estado marcada por una larga disputa empresarial y jurídica. En la adjudicación inicial, el lote de ciberseguridad fue otorgado a una unión temporal de empresas integrada por Orange, TRC y Mnemo.
Sin embargo, Telefónica recurrió el resultado al considerar que uno de los integrantes de la alianza no cumplía determinados requisitos legales relacionados con los planes de igualdad exigidos en la contratación pública. El Tribunal Administrativo Central de Recursos Contractuales terminó dando la razón a Telefónica y anuló aquella adjudicación.
Posteriormente, cuando parecía que la operadora española se convertiría en adjudicataria definitiva, la propia Mesa de Contratación decidió excluirla por cuestiones similares relacionadas con una empresa colaboradora prevista inicialmente en la oferta.
La compañía volvió a recurrir y, meses después, el tribunal volvió a fallar a su favor. La resolución obligaba a devolver a Telefónica la condición de adjudicataria y a continuar con el procedimiento de formalización del contrato.
Un proyecto estratégico para la seguridad digital
La relevancia de esta licitación era clave. El contrato debía servir para reforzar los sistemas de protección de la Administración frente a amenazas cada vez más sofisticadas, incluyendo ataques de ransomware, intrusiones en redes críticas, robo de información sensible o interrupciones de servicios esenciales.
Precisamente para evitar un vacío de protección mientras se resolvía el conflicto administrativo, el Gobierno aprobó una prórroga temporal de los servicios actualmente prestados por Telefónica e Indra mediante un procedimiento negociado.
Esta solución garantiza la continuidad operativa de los sistemas de defensa digital, aunque no sustituye al despliegue completo previsto en el contrato CORA III.
Un bloqueo que puede prolongarse durante meses
Con la vía administrativa prácticamente agotada tras las resoluciones del tribunal de contratación, el principal obstáculo para desbloquear el proyecto ya no es ni mucho menos jurídico, sino económico.
La continuidad del expediente depende ahora de que los organismos implicados vuelvan a habilitar los recursos presupuestarios necesarios para financiar la adjudicación.
Hasta que eso ocurra, el contrato de ciberseguridad más importante impulsado por la Administración General del Estado permanecerá suspendido y con todo lo que ello implica.
