El auge del comercio electrónico en las últimas décadas también ha abierto la puerta a un tipo de fraude cada vez más sofisticado: el transaction laundering o lavado de dinero a través de comercios aparentemente legales.
Esto permite que actividades ilegales —como venta de productos falsificados, drogas, armas, pornografía, apuestas no autorizadas, blanqueo de dinero o financiación de terrorismo— se procesen como si fueran operaciones autorizadas.
Al ampararse en un negocio legal como fachada, como una tienda online de ropa, suplementos o accesorios, los delincuentes evitan que el dinero de esas transacciones llame la atención de los bancos o de las autoridades.
Así, los proveedores de servicios de pago (que incluyen bancos adquirentes y procesadores) terminan facilitando estas operaciones sin saberlo, exponiéndose a reputación dañada, altos reembolsos (chargebacks), sanciones regulatorias y acciones legales.
Tipos de transaction laundering
Un whitepaper de Infosys desgrana las distintas técnicas dentro de este lavado, según si el comerciante no ‘está metido en el ajo’, es cómplice o es propiedad de un grupo criminal:
- Framing: se usa un sitio con malas intenciones para capturar credenciales y redirigir transacciones.
- Funnel account: un comerciante legítimo acepta pagos de otro negocio que podría ser ilegal.
- Pass‑through / Corrupt merchant: comerciantes y sitios web colaboran para procesar transacciones ilegales recibiendo un porcentaje.
- Front businesses: empresas creadas únicamente como fachadas para ocultar actividades ilegales.
Cómo detectar estas estafas
Este fraude es difícil de identificar y pasa bastante desapercibido, porque la complejidad en la cadena de pagos hace que sea muy complicado distinguir entre transacciones legítimas y fraudulentas.
Además, algunos comerciantes no saben que sus páginas se usan como fachada para blanquear dinero. También hay múltiples portales ocultos cuyas operaciones no pasan por los bancos. A lo que se suma el crecimiento de pagos B2B con tarjetas corporativas, donde es común que haya grandes transacciones que dificultan el análisis y detección de anomalías.
Para detectar este tipo de estafas hay varias pistas claras. La primera de ellas -y más clara- es que las ventas no coincidan con lo que el negocio dice vender. Asimismo, otro indicio es que se den muchas devoluciones o contracargos, porque los productos reales no llegan a los destinatarios. También es una señal que se produzcan pagos desde lugares inesperados o cantidades inusuales de clientes internacionales para un negocio pequeño.
Generalmente, no hay muchos casos etiquetados explícitamente como transaction laundering. La razón es que este tipo de fraude suele aparecer dentro de investigaciones más amplias de lavado de dinero, fraude con tarjeta o abuso de sistemas de pago y las autoridades a veces no lo nombran expresamente como tal en comunicados públicos.
Retos regulatorios
Las agencias regulatorias, como FinCEN en EE.UU. y las autoridades europeas bajo la AMLD (Anti-Money Laundering Directives o Directivas de Prevención de Blanqueo de Capitales), han reconocido el transaction laundering como una forma de blanqueo de dinero digital que necesita supervisión específica.
Sin embargo, el reto principal para estas agencias es que esta clase de fraude puede parecer ‘normal’ a primera vista. Esto dificulta la aplicación de reglas estrictas si no se produce una monitorización avanzada de patrones, volumen o coherencia con el perfil del negocio.
